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¿Tu perro tiene sentimientos?

Muchos de nosotros, aunque espero que todos los que leerán estas líneas, contestarán sin dudar que su perro siente emociones. 

Pero aún se puede ver algún famoso educador en la televisión diciendo «que los perros no tienen emociones».

¿Está en lo cierto?

O mejor aún, ¿por qué no lleva razón?

Verás,

El racionalismo es la concepción que prevalecieron a lo largo de los siglos en los grandes sistemas filosóficos y religiosos.

En esta concepción racionalista del comportamiento, los factores emocionales no ocupan apenas lugar, siendo el comportamiento humano libre de interferencias de las condiciones externas o la emoción.

En esa época ya hubo algunas voces que quisieron poner en su justo lugar a la emociones, como así lo hizo Aristóteles cuando habló de las dos dimensiones del alma, racional e irracional, que forman una unidad.

De hecho, es considerado el precursor de las teorías cognitivas de la emoción.

Pero aún había mucho camino por recorrer.

Tanto, tanto, que el estudio de las emociones en psicología es un área con apenas unos siglos de recorrido.

Pero sigamos atrás en el tiempo.

El famoso libro de Darwin, «El origen de las especies» (1859), supuso un cambio decisivo en la investigación del comportamiento.

La teoría de Darwin se centraba en el hecho de que los animales sobrevivían y se reproducían por ciertas estructuras que permitían a las especies adaptarse al medio ambiente. Por lo que el interés dentro de la biología se desplazó a especular sobre cómo habían aparecido diversas estructuras en los organismos y cómo funcionaban para sobrevivir.

Dentro de este planteamiento evolucionista, se negaba la diferencia específica entre el hombre y los animales. Algo que hoy en día sabemos que es cierto.

Provenimos de los animales.

Somos animales.

Pero en ese momento no había ninguna prueba que supusiera un apoyo convincente en favor de la evolución biológica, por lo que Darwin publicó en 1872 «La expresión de las emociones en el hombre y los animales» para apoyar sus suposiciones.

Y aquí es dónde quería llegar.

La tesis principal de ese trabajo postula que tanto los animales como el hombre expresan emociones de naturaleza semejante en situaciones semejantes. Por lo que este hecho debería probar la continuidad evolutiva de las expresiones emocionales desde las especies «inferiores» al hombre.

Así que podemos concluir que, sin duda, los animales sienten emociones.

Al menos las primarias que son el asco, la alegría, la tristeza, el miedo, la ira y la sorpresa (aunque estas última algunos no coinciden en que es una emoción).

Pero esto va mucho más allá, pues uno de los principios que postuló Darwin hace referencia a que las emociones, o más bien su expresión emocional, tiene una función adaptativa para la supervivencia.

Es decir, que sirven para algo porque sino, no se hubieran transmitido de generación en generación.

Y… ¡bum!

El estudio de las emociones y cómo afectan al comportamiento dio el pistoletazo de salida.

Así que no tengas ninguna duda de tres cosas:

  1. Tu perro tiene emociones.
  2. Las emociones que siente tu perro influyen en su comportamiento.
  3. Si no tienes en cuenta las emociones de tu perro y lo que provocan en él, no puedes ayudarle.

Tratar los problemas de tu perro obviando este hecho. Es decir, con obsoletas teorías conductistas basadas en adiestrar al perro con órdenes (sin tener en cuenta sus emociones), no tiene sentido hoy en día con todo el conocimiento que tenemos sobre cómo las emociones afectan a los comportamientos.

O dicho de otro modo, no se trata de que tu perro aprenda el «quieto», «sienta», «tumba» o «ven». Eso no te lleva a ningún lado.

Se trata de entender a tu perro para saber qué está pasando y cómo actuar para ayudarle a gestionar las situaciones de manera saludable y, con ello, solucionar los problemas de convivencia que podáis estar teniendo.

 

¿Quieres aprender más sobre tu perro, sus emociones y su comportamiento?

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